A menudo, sobre todo desde el sector de los seguros, hablamos de los siniestros desde el punto de vista de los daños y de las consecuencias económicas derivadas. Hoy, sin embargo, nos gustaría reflexionar entorno un aspecto del que se habla poco y que también es de vital importancia. Nos referimos a las consecuencias psicológicas de sufrir un siniestro grave en el hogar.

 

Consecuencias económicas y psicológicas

El hecho de ver quemada toda nuestra casa, saber que un temporal ha asolado parte de la planta baja, de haber perdido la mayoría de nuestras pertenencias más apreciadas debido a un robo o de ser consciente de que, por el pequeño descuido dejar un grifo abierto, hemos inundado la casa de los vecinos.

Estos son sólo algunos ejemplos de las múltiples situaciones que normalmente vemos muy lejanas, que pensamos que a nosotros nunca nos pasarán. Sin embargo, nuestra experiencia nos ha demostrado que esto, desgraciadamente, no es siempre así. Tendemos a pensar que en casa nunca pasa nada pero, a veces, sí que pasa y cuando sucede suele ser un incidente muy grave.

Tal y como anunciábamos al inicio del post, en caso de siniestro, las consecuencias económicas son un aspecto importante y que normalmente se tiene muy en cuenta. Sin embargo, no es el único que hay que valorar. Muy a menudo, olvidamos la manera en que un incidente grave puede impactar en nuestras mentes. Si tienes bien hecho el seguro, las consecuencias económicas son fáciles de solucionar. En cambio, las consecuencias psicológicas pueden perdurar mucho más en el tiempo.

 

Las secuelas más comunes después de un grave siniestro

En caso de sufrir un siniestro grave, la sensación de sentirse completamente desnudo y despojado de todas las cosas suele ser un sentimiento muy común. Nos gustaría preguntaros: ¿Podéis llegar a imaginar el hecho de levantarse una mañana con la misma ropa del día anterior porque vuestro hogar se incendió con todo lo que hay teníais dentro? ¿Podéis imaginar la sensación de tener el tiempo justo de coger a los niños y salir entre las brasas?

Evidentemente, una situación como la narrada puede conllevar daños psicológicos muy graves, que pueden derivar en ansiedad, miedo, insomnio, depresión y dificultades para recuperar la tranquilidad. En algunos casos, estos sentimientos y emociones adversas pueden ser circunstanciales, pero también pueden persistir durante mucho tiempo, llegando a requerir tratamiento psiquiátrico.

En caso de robo, la percepción de inseguridad y de violación de la propia intimidad que supone la irrupción de un extraño en nuestro domicilio son sentimientos muy perdurables. La sensación que provoca el hecho de saber que nunca más podremos ponernos aquella joya que tenía un valor sentimental tan importante o el simple hecho de llegar a casa y encontrar todas nuestras pertenencias revueltas hace que no queramos volvernos a poner nuestra ropa.

Otro de los sentimientos que suelen experimentar las personas que han sufrido un siniestro grave en el hogar suele ser la sensación de culpa. Haya sido -o no- responsabilidad suya, la mayoría de personas se sienten culpables de los hechos y piensan que, cambiando algunas de sus acciones, el siniestro se hubiera podido evitar.

En muchas ocasiones, el problema no es sólo la culpabilidad, sino el efecto que puede conllevar en nosotros el hecho de que en los daños también se vea implicado un tercero. Por ejemplo, nuestra pareja, nuestros hijos o nuestros vecinos. Y es que, en la mayoría de los casos, un incidente no sólo nos afecta a nosotros. Debemos tener en cuenta que, dentro de lo que cabe, nosotros nos podemos recomponer y seguir adelante, sea como sea. Sin embargo, si hemos causado daño a un tercero, es probable que éste no se conforme con el mínimo y nos reclame volver a la normalidad en la mayor brevedad posible.

El peso que supone ser responsable de los daños de otros, junto con el sentimiento de culpabilidad, puede provocar graves consecuencias que, más allá de afectar nuestra economía, pueden afectar gravemente nuestra salud.

 

Minimizar los daños: Un aspecto clave para la recuperación

Por último, es importante destacar que, cuando se sufre un siniestro grave, la solución nunca suele ser inmediata. Además, las consecuencias pueden acompañarnos durante muchos años o, en el peor de los casos, durante toda la vida. La recuperación es un proceso lento y dificultoso, pero siempre más fácil de soportar cuando se cuenta con el apoyo necesario.

De hecho, el problema se puede llegar a hacer completamente irresoluble si no se dispone de un seguro o éste está mal hecho. Imaginemos que un siniestro ha provocado la ruina total de nuestra vivienda. De no tener seguro, no sabremos a dónde acudir, ni tampoco tendremos los medios económicos necesarios para recomponer el edificio y para recuperar todo lo que teníamos dentro.

Como hemos visto a lo largo del post, según la magnitud del siniestro, la sensación de culpa o de vulnerabilidad ante unos costes de recuperación a los que no podemos hacer frente es demoledora. La realidad es que, cuando sufrimos un siniestro grave, somos completamente vulnerables porque nos han despojado de la mayoría de cosas que nos pertenecen. De no contar con un apoyo, estamos completamente solos ante una realidad imposible de asumir.

Estando asegurado, el sentimiento de pérdida se minimiza. Una buena compañía aseguradora no sólo se hace responsable de los daños y de las consecuencias económicas que se deriven, sino que también nos facilita el apoyo que necesitamos. No hay duda de que, ante tales situaciones, contar con un buen seguro de hogar puede ser un factor determinante.

Desde iSeguros, ofrecemos a nuestros asegurados asistencia las 24 horas del día y los 365 días del año. Somos muy conscientes de las dificultades que debe asumir una persona que acaba de sufrir un siniestro en su hogar. Por ello, trabajamos día a día para que, en caso de incidente grave, cualquier persona se sienta apoyada y cuente con el asesoramiento necesario para hacer frente a cualquier adversidad.